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Suerte en los Dados Volver
Tierra del Fuego es tierra de hombres y mujeres empeñados en la búsqueda de un destino mejor. Muchas veces, la soledad es la única compañía. Las luces y promesas de los casinos son verdaderos imanes para los fueguinos. La visión de un psicólogo, las desventuras de una jugadora y los detalles sabrosos de un empleado de casino, en este informe sobre apostadores compulsivos del fin del mundo.

El giro de la bolita dentro de la ruleta parece hipnotizar a quienes rodean la mesa de paño verde. El silencio entre los espectadores sólo es interrumpido por el constante repicar de las fichas cayendo en las máquinas tragamonedas. Al apostador principal no se le mueve un músculo y su ritmo cardiaco aumenta mientras la pelotita pierde velocidad. Es la oportunidad de revertir su suerte. Esa que le ha sido esquiva por una semana, que lo tiene perturbado y en rojo su cuenta bancaria. Finalmente la bolita pica en uno de los diamantes y caprichosamente empieza a rebotar hasta quedar alojada en el 22, negro. La desesperanza se apodera del jugador, la maldita fortuna una vez más le sonríe desde la esquina opuesta. Pero el hombre es duro, respira hondo y vuelve a hundir su mano en la billetera, convencido de que apostando el doble podrá recuperar lo perdido. La historia se repite noche tras noche, quizás con más o menos cuotas de dramatismo, en la gran cantidad de casinos que existen en la Argentina. Acá en la provincia de Tierra del Fuego el relato se hace familiar. Con una población que no llega a los 140 mil habitantes, existen cuatro casinos, dos en Río Grande y dos en Ushuaia, que con sus luces tientan la suerte de eventuales jugadores. Lo que se inicia como un tímido entretenimiento en zonas tan alejadas como esta, paulatinamente se convierte en un pasatiempo difícil de dejar. Es que la adicción al juego es una realidad y como en todas las adicciones, no todos somos propensos a la enfermedad, ya que de ella dependen factores sociales, genéticos, familiares y psicológicos, entre otros.

Suerte

Tanto trabajadores del casino como jugadores no dudan en afirmar que la suerte existe. La llaman de distintas maneras: pálpito, corazonada, momentos de lucidez o golpes de fortuna. Aseguran que son unos cuantos minutos, donde todo se ilumina y las apuestas son acertadas. Adelfa de Aguilar se apura en señalar que ella no es adicta al juego. Reconoce que en algún tiempo sí lo fue, pero de eso ya pasaron más de diez años. Antes cuando existían los casinos Magnum y Casablanca, iba seguido porque eran lugares pequeños, más familiares, no como los que existen ahora, explica Adelfa. El jugador o jugadora no va a hacer vida social a un casino. Su objetivo es claro: obtener dividendos con el menor costo posible y por algunos momentos evadirse de la realidad que lo circunda. F., funcionario de uno de los casino de Río Grande, quien pidió reserva de su identidad, explicó que el apostador tiene sus ritos o cábalas que realiza cada vez que enfrenta la ruleta, los dados o las cartas. Los jugadores siempre están concentrados, no hablan entre si. No quieren que se les moleste y generalmente apuestan en las mismas chances en la ruleta. No son agresivos, pero mientras gira la bolita no quieren interrupciones y no te brindarán una mirada amable si les diriges la palabra, relata F. El apostador es reacio a conversar, porque no quiere que su imagen se asocie a la de un adicto. Además nadie se siente enfermo, aunque la negación es una característica en cualquier persona que presenta signos de adicción y no sólo al juego, sino a muchas otras patologías. El psicólogo, Jorge Rivadeneira, del Centro de Prevención y Asistencia en Adicciones, explica que el jugador no desea sentirse un adicto, porque no todos los jugadores lo son y la palabra adicto tiene muchos estigmas. Al adicto muchas veces se le asocia con delincuencia o trastornos mentales.

Dinero fácil

Adelfa asegura que nunca fue una derrochadora, que siempre fue al casino con el dinero justo, para así no tener problemas posteriores de deudas. Pero no todos los jugadores tienen la misma precaución. En sus años de carrera, F. recuerda haber visto a apostadores perder mucho más que los billetes que llevaban en el bolsillo. En ciertas ocasiones vi a jugadores estar más de una semana intentando revertir su suerte. Después que el dinero se esfuma, empezaban a apostar sus joyas y autos o cambiarlas por dinero para seguir jugando. Es que entre los jugadores siempre existe la sensación de que en la próxima apuesta podrán sacarse la mufa de encima y recuperar lo perdido. El apostador experimenta una pérdida del control, luego reemplazada por actos impulsivos, que a fin de cuentas lo llevan a deteriorar su calidad de vida. La verdad es que yo nunca tuve mayores problemas. En la casa nunca pusieron muchas objeciones a que jugara y mi marido en ciertas ocasiones me acompañaba. Aunque debo reconocer que hubo un tiempo donde iba todo los días al casino, pero después me di cuenta que estaba gastando mucho y cuando llegaron estos casinos más grandes deje de ir tan seguido, afirma Adelfa. La apostadora que se atrevió a dar su testimonio, asegura que nunca perdió más de 80 a 100 pesos. Que lo suyo no era el derroche, pero también recuerda sus noches de suerte, cuando regreso a casa con 400, 500 pesos, dinero que se convertía en toda una fortuna teniendo en cuenta los montos con los que ella partía a jugar.

Frustraciones

El apostador generalmente se ve motivado con la posibilidad de acceder a mayores sumas de dinero que las que posee. Y cuando no puede conseguir su meta entra en una espiral de frustración que lo lleva a apostar más de lo que tiene. Existe una intolerancia a perder, baja la autoestima y lo lleva a mentir, ya que deber lidiar con la doble vida que posee. Adelfa relata que cada vez que perdió dinero en el casino, sintió mucha angustia y se reprochaba no haber dejado de jugar antes de perder todo el dinero que llevaba. Volvía a casa muy frustrada y enojada, pero siempre con la convicción de volver a recuperar lo perdido, porque generalmente luego de una noche mala, siempre tenía una con mayor fortuna. F. explica que el jugador que pierde, generalmente reacciona tranquilo, se lamenta y se toma la cabeza. El jugador que esta acostumbrado a apostar no tiene mayores gestos, algunos se marchan rápido, pero son pocos los que regalan y si lo hacen, le reclaman a su acompañante.

Se pasan de listos

Siempre existe aquel jugador que quiere pasarse de listo, ese que se cree más inteligente que el resto y que con un truco puede vencer al gran rival que tiene enfrente: el casino. F. cuenta que algunos de los trucos que vio fueron en la ruleta. Cierta vez vimos que una ficha se movía sola, no entendíamos lo que pasaba. Cuando la fuimos a ver, la tenia atada con un pelo, con el que la jugadora lo tiraba. Existe aquel que intenta robar fichas de mayor valor que se encuentran en la mesa. Esta vez un jugador con fichas bajas, seguía el modo de apostar de un cliente con fichas de mayor valor, pero con el engaño que en la manga de su campera tenia un sistema para atrapar la fichas de mas cotización. También son conocidos los trucos de cargar los dados y realizar conteos de los números que aparecen en el black jack.

Adicto

Cuando se habla de adicciones, generalmente se suele pensar en drogas. Pero la realidad es que existe una gran variedad, entre las que se cuentan actitudes compulsivas al sexo, Internet, comida, trabajo, religión, juego y drogas (marihuana, alcohol, tabaco, cocaína, heroína, opio, fármacos y sedantes). Entre las llamativas se encuentra la adicción al sexo, que se presenta como un descontrol en la conducta sexual. El pensamiento obsesivo sexual y las fantasías se hacen cada vez más necesarias para evadirse de problemas. Una adicción relativamente moderna es la de Internet, que agrupa a una serie de desórdenes relacionados con la compulsión por actividades en línea, adicción al cyber sexo, a los cyber romances y a la computadora.

Casinos locales

Infructuosos fueron los intentos de obtener alguna declaración de los casinos y así conocer su visión con respecto a la adicción al juego. Las empresas que funcionan en Tierra del Fuego perdieron la posibilidad de debatir los temas que los involucran. Ciertamente el problema no son los casinos, pero s es cierto que ellos prestan un servicio que suele afectar a la gente. Una de las organizaciones tuvo la disposición, pero la comunicación con la gerencia de marketing en Buenos Aires, se torno imposible.

JORGE RIVADENEIRA, PSICLOGO DEL CPA
También existe satisfacción en el perder

El profesional entrega las claves de los trastornos que puede sufrir un jugador compulsivo y cómo una zona tan lejana como Tierra del Fuego puede convertirse en un factor que invite a las personas a refugiarse en un casino. A diferencia de otros tipos de adicciones, como a las drogas por ejemplo, el adicto al juego muchas veces tiene la capacidad de reconocer por el mismo los síntomas que le están afectando y por sus medios recurre a la ayuda de algún especialista. En Tierra del Fuego, el Ministerio de Salud, a través de la Subsecretaria de Prevención y Asistencia en Adicciones, tiene en funcionamiento en Río Grande y Ushuaia los CPA (Centro de Asistencia en Adicciones) en cuyos recintos trabaja un grupo de especialistas que asiste a los enfermos en las distintas patologías que existen. Jorge Rivadeneira es uno de los psicólogos que se desempeñan en el CPA. El profesional al inicio de la conversación se encarga de dejar en claro que al hablar de adicciones o trastornos compulsivos, no se puede generalizar y que siempre es preciso observar y tratar caso a caso. Al hablar de la palabra juego, simboliza una ausencia. Por ejemplo un niño cuando juega fantasea, y crea escenarios que sólo están en su mente. Ya en la era adulta estas características lúdicas van ligadas a un significante que es el dinero. El psicólogo explica que no se le puede acusar de jugador compulsivo a un niño que juega todo el día o a un adulto que juega a cada rato con sus hijos, sino que se trata de una dificultad a nivel social. Un jugador tiene que tomar la decisión de ir a un casino, donde hay máquinas y ruletas, se deja de lado una representación como lo puede ser una fantasía, hay algo más allá que es el dinero. Uno de los muchos factores que afectan al apostador, es la idealización del dinero que genera la opción de poder adquirir otras cosas.

Apostador compulsivo

Rivadeneira no es de pensar en ciertos rasgos o características generales del apostador y es por ello que hace un énfasis en el estudio particular, ya que según el especialista hasta la palabra adicto merece un debate mayor. Pero basta darse un par de vueltas por los casinos de la ciudad para darse cuenta que es fácil distinguir ciertos rasgos de edad. En el sexo femenino se observan mujeres más maduras, por encima de los 50 años; en cambio los hombres que asisten tienen un promedio de edad un poco menor, que puede empezar desde los 35. Sin embargo, el psicólogo asegura que son los menores quienes continuamente buscan ayuda. Yo he tenido pacientes jóvenes, porque generalmente la persona adulta no consulta, ya que de cierta forma tiene su vida formada y no hay una mayor interrogación frente a su juego, porque esto ya se hizo un acto habitual. El profesional recalca que muchas veces el jugador rehuye a hablar su problema, porque la palabra adicto tiene una carga muy grande. Sobre la persona que sufre de una adicción caen muchos estigmas, como los de ser delincuente, enferma o trastornada. Hay que dejar en claro -comenta Rivadeneira-, que no todos los que van a jugar a un casino son adictos. Hay gente que disfruta de eso y la pasa bien. Quizás nos equivocamos cuando creemos estar en presencia de un adicto y también no tenemos claro qué queremos decir cuando decimos adicto.

Adictos a perder

Pese a encontrar rasgos comunes en las distintas adicciones que existen, hay un factor que es casi exclusivo de los que sufren del juego compulsivo, y es que ellos detectan sus síntomas y buscan la ayuda de algún especialista. El síntoma es cuando uno puede reconocer algo extraño o que le afecta su cuerpo, sin que haya otra persona o un doctor que le diga que esta sufriendo cierta patología. Rivadeneira explica que la persona que consume sustancias generalmente viene derivado de los padres, de la familia cercana, de un doctor o de la justicia. El paciente no se pregunta por qué consumió, ya que ese acto le produce satisfacción. En cambio el jugador se puede pasar días en un casino y empieza a tener problemas en su casa, con su mujer o su familia, o problemas económicos porque se pierde mucho dinero. Entonces ahí se detona un síntoma y trata de pedir ayuda porque quiere salir y no del juego, sino de otro problema que lo afecta. La satisfacción del jugador no sólo está en el ganar, sino que muchas veces también se encuentra en el perder. Es muy poca gente la que gana. No se pueden hacer estadísticas sobre eso, pero en el perder hay sufrimiento y esto para algunos también es placentero. Porque si el jugador gana es una felicidad momentánea, porque después quiere seguir jugando a pesar que ya ganan.

Soledad y lejanía

Rivadeneira explica que uno de los mayores problemas del ser, es la soledad. A veces se trata como un recurso, pero el estar solo al tiempo se torna insoportable y el no hacer lazos también afecta. Acá es una característica del lugar, porque hay mucha gente que viene sola a trabajar a Tierra del Fuego y existe un cierto desamparo. Acá no hay un quehacer constante, hay muchas personas que se vienen a trabajar solos por lo tanto no hay familia, entonces no existe ese otro social con el quien compartir. Es probable que esa soledad empuje a los individuos a evadirse y refugiarse en el juego, así como lo puede hacer en otras aficiones o sustancias. Porque hay muchos apostadores. Hay personas que juegan para ver cómo los otros apuestan. Están los que van en grupos, otros que apuestan para perder y algunos porque tienen la posibilidad de ir de noche. Existe también la idealización del otro lugar. Así como las vacaciones, el casino se puede convertir en el otro lugar. Un espacio distinto donde existe satisfacción, la que no encontramos donde nos encontramos. Rivadeneira cree no es relevante que existan cuatro casinos en la provincia, porque el problema no es del casino, sino de la conducta de las personas. Tenemos que procurar como sociedad, que las personas vayan en busca de la satisfacción en otros lados y no se convierta en jugador. Porque, por ejemplo, tampoco podemos pensar que el problema son las drogas, sino el dilema es el uso de estos objetos por parte de la gente, sostuvo el psicólogo.
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